Cuando decimos que la obra de Suárez es descriptiva, queremos significar que las imágenes no son recicladas en un tamiz determinado, en una visión previa, para que las formas se amolden a unas constantes expresivas y visuales, que garanticen una unidad estilística preconcebida, sino que son tomados sus principales rasgos distintivos, para que funcionen como palabras.
Esto le ha posibilitado a Suárez tomar imágenes de una realidad natural, de una realidad cultural, de una realidad personal o histórica y crear una sintaxis de imágenes como si fuesen palabras y obtener indudables resultados poéticos. Su admiración por algunos artistas determinados lo lleva a hacer retratos de ellos y de sus obras, pero sin influenciar ni alterar sus formas, ni su composición, ni su tratamiento. Si admira a un artista clásico su arte no se hace clásico: toma su escultura como un poeta toma una palabra. Esto le permite tomar a su aire tanto la bailarina de Degas como la silla grasienta de Beuys como el auriga de Delfos.